La mentira del “gran reemplazo” en Fuerteventura: datos, demografía y la estrategia del miedo

En los últimos años, y con especial intensidad en contextos de crisis económica, presión sobre los servicios públicos o aumento de la diversidad social, ha resurgido con fuerza una vieja narrativa de la extrema derecha europea: la llamada teoría del gran reemplazo. Según esta idea conspirativa, la población autóctona estaría siendo “sustituida” deliberadamente por población extranjera —especialmente de origen no europeo— como resultado de un plan político, cultural o ideológico. Esta teoría, carente de base científica y empírica, ha encontrado en territorios como Fuerteventura un terreno fértil para su difusión, alimentada por bulos, desinformación sistemática y una utilización interesada de los datos demográficos.

Sin embargo, cuando se analizan los datos oficiales con rigor, la narrativa del “reemplazo” se desmorona. No solo porque los números no sostienen la idea de una sustitución poblacional, sino porque la propia historia demográfica de Fuerteventura, su modelo económico y su evolución social explican de forma clara y racional la composición actual de su población. El problema no es demográfico; es político y comunicativo.

Fuerteventura: una isla construida por la movilidad

Fuerteventura nunca ha sido una sociedad cerrada. Desde mediados del siglo XX, la isla ha experimentado intensos flujos migratorios tanto de salida como de entrada. Durante décadas, miles de majoreros emigraron a otras islas, a la península o a América Latina en busca de oportunidades. Más tarde, con el desarrollo del turismo y los servicios, Fuerteventura pasó de ser un territorio emisor a convertirse en un territorio receptor de población.

Este cambio no responde a ningún plan oculto ni a una conspiración ideológica, sino a una realidad económica elemental: donde hay empleo, llega población; donde hay oportunidades, se produce movilidad. La inmigración en Fuerteventura es, ante todo, una consecuencia directa de su modelo productivo, altamente dependiente del turismo, la construcción, los servicios y, en menor medida, la agricultura y la logística.

Qué dicen realmente los datos oficiales

Según los datos oficiales más recientes del Instituto Canario de Estadística (ISTAC), a 1 de enero de 2025 aproximadamente el 39% de la población residente en Fuerteventura ha nacido fuera de España. Este dato, repetido de forma aislada y sin contexto por determinados discursos políticos y mediáticos, se utiliza como supuesto “argumento” para hablar de sustitución poblacional. Pero esta lectura es profundamente engañosa.

En primer lugar, el hecho de que una persona haya nacido fuera de España no implica que no forme parte de la sociedad majorera ni que esté “reemplazando” a nadie. La población no es un bloque homogéneo que se sustituye pieza por pieza. Las sociedades crecen, se transforman y se diversifican.

En segundo lugar, cuando se analiza el origen por país de nacimiento y se aplica un umbral significativo (por ejemplo, países que representen al menos el 4% de la población total), el resultado es revelador:

  • La mayoría de la población sigue siendo nacida en España.
  • El principal grupo extranjero procede de países europeos, especialmente Italia.
  • La inmigración latinoamericana tiene un peso relevante, pero responde a lazos históricos, lingüísticos y culturales con España.
  • La inmigración africana, pese a ser sobredimensionada en el discurso político, representa un porcentaje claramente minoritario.

Estos datos desmontan uno de los pilares emocionales del “gran reemplazo”: la idea de una invasión masiva y homogénea de población culturalmente ajena.

Lugar de nacimiento% de la población en FuerteventuraAproximación de interpretación
Nacidos en España~60 %Incluye nacidos en la isla y en otras comunidades españolas (España total)
Nacidos en Europa (excluyendo España)~18 %Principalmente comunidad europea extranjera residente en la isla
Nacidos en Latinoamérica~14 %Grupo latinoamericano dentro de población extranjera
Nacidos en el resto del mundo~8 %Principalmente África, Asia, Oceanía, Norteamérica

El truco retórico de la ultraderecha: mezclar, exagerar, asustar

La extrema derecha no necesita que los datos sean ciertos; necesita que sean emocionalmente eficaces. Para ello utiliza tres estrategias básicas:

  1. Mezclar categorías: se confunde nacionalidad con país de nacimiento, inmigración regular con llegadas irregulares, residencia con tránsito.
  2. Exagerar magnitudes: se presentan porcentajes acumulados como si fueran crecimientos anuales, o se atribuyen a un solo colectivo cifras que corresponden a muchos países distintos.
  3. Asociar inmigración con amenaza: delincuencia, colapso de servicios, pérdida cultural o inseguridad, aunque los datos oficiales no respalden esas asociaciones.

En Fuerteventura, este patrón es especialmente evidente cuando se vincula de forma sistemática la inmigración africana con la inseguridad o la presión sobre los recursos públicos, ignorando que la mayor parte de la población nacida fuera de España procede de Europa y América Latina, y que la mayoría de las personas migrantes están en edad activa y contribuyen al sostenimiento del sistema económico y social.

No hay reemplazo: hay envejecimiento y movilidad

Uno de los grandes silencios del discurso del “gran reemplazo” es el envejecimiento de la población. Fuerteventura, como el resto de Canarias y de Europa, presenta una baja tasa de natalidad. Sin inmigración, la población activa disminuiría, el sistema de pensiones sería insostenible y muchos sectores económicos simplemente colapsarían.

La inmigración no reemplaza a la población local: compensa un déficit demográfico estructural. Las personas que llegan trabajan en sectores donde no hay suficiente mano de obra local disponible o dispuesta, pagan impuestos, consumen, alquilan o compran vivienda y forman parte del tejido social. Lejos de sustituir, sostienen.

Hablar de “reemplazo” implica asumir que la población local desaparece pasivamente, como si no tuviera capacidad de decisión, reproducción o integración. Es una visión profundamente paternalista y, paradójicamente, muy poco respetuosa con la propia sociedad majorera.

El miedo como herramienta política

La insistencia en la teoría del gran reemplazo no es un error de análisis; es una estrategia consciente. Generar miedo permite movilizar electoralmente, justificar políticas represivas y desviar la atención de los verdaderos problemas estructurales:

  • la falta de vivienda pública,
  • la precariedad laboral,
  • la dependencia excesiva del turismo,
  • la debilidad de los servicios públicos en territorios insulares.

Culpar a la inmigración es políticamente rentable porque evita señalar responsabilidades reales. Es más fácil señalar al recién llegado que cuestionar un modelo económico que genera desigualdad y tensión social.

Fuerteventura no es una excepción, es un espejo

Lo que ocurre en Fuerteventura no es un fenómeno aislado ni una anomalía demográfica. Es, en realidad, el reflejo local de dinámicas estructurales que se repiten en numerosas regiones turísticas, metropolitanas y económicamente dinámicas de Europa. Islas como Mallorca, Ibiza, Malta o Chipre; regiones costeras del Mediterráneo; áreas urbanas como Berlín, Londres, Barcelona o Lisboa; e incluso zonas rurales reconvertidas al turismo o a la agroindustria intensiva presentan patrones muy similares: crecimiento poblacional ligado a la inmigración, aumento de la diversidad cultural y tensiones derivadas de un desarrollo económico desigual.

En todos estos territorios, la llegada de población extranjera no responde a una “sustitución” planificada, sino a una lógica económica básica: allí donde se concentran empleo, inversión y oportunidades, se concentran también flujos humanos. El capital se mueve, y con él se mueven las personas. Fuerteventura, con un modelo económico centrado en el turismo y los servicios, no es una excepción a esta regla; es un ejemplo claro de ella.

La diversidad, por tanto, no es una anomalía que deba explicarse como una amenaza, sino una consecuencia directa del lugar que ocupa Fuerteventura en la economía global y europea. Negar esto implica ignorar décadas de estudios demográficos, económicos y sociológicos que muestran cómo la movilidad humana es inseparable de los procesos de desarrollo desigual entre territorios.

El patrón europeo: turismo, servicios y migración

Si se comparan los datos de Fuerteventura con los de otras regiones turísticas europeas, el paralelismo es evidente. En zonas donde el peso del turismo es elevado, la población local no crece al mismo ritmo que la demanda de mano de obra. La baja natalidad, el envejecimiento poblacional y la emigración juvenil hacia otros territorios más diversificados generan vacíos que solo pueden cubrirse mediante inmigración.

Este patrón se observa tanto en el sur de Europa como en regiones del norte. En Baleares, por ejemplo, una parte sustancial de la población residente ha nacido fuera de la comunidad autónoma o fuera de España. En ciudades como Ámsterdam o Viena, más de un tercio de la población tiene origen migrante. Nadie habla allí seriamente de “gran reemplazo” desde una perspectiva académica o institucional; el concepto aparece casi exclusivamente en discursos políticos de extrema derecha, desligados del análisis riguroso.

Fuerteventura, en este sentido, no está “perdiendo” población local frente a una extranjera, sino integrándose en una dinámica común a los territorios que funcionan como polos de atracción económica en un contexto de globalización.

El error deliberado: confundir diversidad con amenaza

Convertir esta diversidad en una amenaza no es el resultado de un análisis demográfico honesto, sino de una decisión política consciente. La extrema derecha selecciona territorios como Fuerteventura porque reúnen varios elementos útiles para su narrativa:

  • un crecimiento rápido de población,
  • una fuerte presencia de personas nacidas fuera del territorio,
  • tensiones reales en vivienda, servicios públicos y empleo,
  • y una percepción de fragilidad identitaria en contextos insulares.

El truco consiste en atribuir esas tensiones a la inmigración en sí, ocultando que su origen está en decisiones estructurales: falta de planificación territorial, escasa inversión pública, dependencia excesiva del turismo y precarización del mercado laboral. Así, la diversidad deja de ser una consecuencia del modelo económico y pasa a presentarse como su causa.

Este desplazamiento del foco no es inocente. Sirve para construir un relato sencillo, emocionalmente potente y políticamente rentable: “ellos” son el problema; “nosotros” somos las víctimas. Es un relato que evita deliberadamente preguntas incómodas sobre quién se beneficia realmente del modelo económico vigente y quién asume sus costes.

El espejo incómodo: lo que revela Fuerteventura

Fuerteventura actúa como un espejo porque muestra con claridad las contradicciones del discurso del gran reemplazo. Por un lado, se reclama mano de obra extranjera para sostener sectores clave; por otro, se criminaliza a esa misma población cuando aparecen problemas estructurales que nada tienen que ver con su presencia.

La isla evidencia que la cuestión no es cuántas personas llegan, sino cómo se gestiona el crecimiento, cómo se distribuye la riqueza y qué políticas públicas se aplican para garantizar cohesión social. Allí donde estas políticas fallan, surge el conflicto; y allí donde surge el conflicto, la ultraderecha encuentra un terreno fértil para sembrar miedo.

Pero el espejo también devuelve una imagen incómoda para quienes promueven el discurso del reemplazo: sin inmigración, Fuerteventura no podría sostener su economía actual ni su estructura social. La diversidad no es un lujo ideológico ni una imposición externa; es una condición material del funcionamiento de la isla en el siglo XXI.

De la demografía a la responsabilidad política

Presentar la diversidad como una amenaza implica renunciar a la responsabilidad política. Supone aceptar implícitamente que los problemas sociales no pueden resolverse mediante planificación, inversión y regulación, sino mediante exclusión y confrontación. Es una forma de rendición intelectual que sustituye el análisis por el eslogan.

La demografía describe lo que ocurre; la política decide cómo se responde. En Fuerteventura, como en el resto de Europa, los datos muestran movilidad, mezcla y cambio. Convertir esos hechos en un relato de miedo es una elección ideológica, no una conclusión científica.

En este sentido, Fuerteventura no es una excepción que deba alarmar, sino un espejo que obliga a preguntarse qué tipo de sociedad se quiere construir: una que gestione la diversidad con políticas públicas y derechos, o una que la utilice como chivo expiatorio para ocultar sus propias carencias estructurales.

Datos frente a propaganda

La teoría del gran reemplazo no resiste el más mínimo contraste con los datos oficiales. En Fuerteventura no hay sustitución poblacional, ni plan oculto, ni invasión demográfica. Lo que hay es una isla joven en términos históricos, profundamente marcada por la movilidad, que enfrenta retos reales de convivencia, vivienda y servicios públicos.

Abordar esos retos exige políticas públicas serias, planificación territorial y un debate honesto. Lo que no ayuda —y de hecho empeora la situación— es la difusión de bulos y discursos de miedo diseñados para dividir a la población entre un “nosotros” ficticio y un “ellos” construido a conveniencia.

La verdadera amenaza para Fuerteventura no es la diversidad, sino la manipulación del miedo. Y frente a eso, los datos, el análisis riguroso y la memoria histórica siguen siendo las mejores herramientas de defensa democrática.