Muy pocas veces a lo largo de nuestra vida tenemos la oportunidad de conocer a una persona excepcional y, muchas veces, aun cuando la tenemos delante de nuestras narices nos ciega el colorín y la púrpura de nuestra vida cotidiana.
Normalmente las personas excepcionales suelen ser esas en las que nadie repara o a las que nadie encomendaría dirigir una nación porque no emanan egoísmo y egolatría, más bien sencillez y humildad, mucha humildad.
Para reconocer a estas personas ni siquiera es necesario estar muy atento, pues enseguida percibirás que irradian ternura, bondad y un desmedido afán –visto desde nuestro particular prisma– de servicio a los demás.
Si tienes la suerte de dar con una de estas personas en tu vida no pierdas la oportunidad que se te brinda: conócela, quiérela, compártela y ámala, no esperes a perderla para comenzar a añorarla. Sería un derroche imperdonable.
Y no creas que estas personas están lejos de ti, en las altas esferas del poder o en lo más recóndito de una selva salvando vidas. Normalmente están ahí, a tu lado, compartiendo tu día a día.
A ti te puede tocar alguna de estas personas, puede ser una súper madre, una súper abuela, o una súper compañera.
En mi caso resultó ser una súper suegra.
No te entretengo más, pero recuerda, si tienes la suerte de dar con alguien así: conócela, quiérela, compártela y ámala. Te aseguro que no te arrepentirás y la tendrás a tu lado siempre aunque no puedas verla.

Tremendo texto…….para leerse infinidad de veces……..sentimos no haber podido estar acompañando a la familia en los momentos más difíciles, donde la casualidad imperó por dos veces……le mandamos un fuerte abrazo a toda la familia……..muchos ánimos y muchas fuerzas.