Cristobal Montoro (PP) y Josep Monrás (PSC), son los dos últimos ejemplos de la irresponsabilidad y desfachatez de ciertos políticos.
Irresponsabilidad la de Montoro que ha abierto la boca para, una vez más, poner palos en la rueda del carro económico de España, declarando que «somos una carga y una rémora para el Euro».
Esta es la ya famosa estrategia de la derecha española del «cuanto peor, mejor».
Y si para llegar al poder tienen que hundir más al país, pues lo hunden, que más da. El caso es mandar, llegar al poder, aunque cuando lleguen no quede nada ni nadie a quien darle una orden, subirle un impuesto o rebajarle el sueldo.
Al otro lado del ring, en este combate estupido que se celebra en nuestro país, nos encontramos con Josep Monrás, un alcalde catalán al cual no se le ocurre otra cosa, con la que está cayendo, que celebrar su primera reunión para subirse el sueldo,
¡¡¡ UN 32%!!!
Hay que tener cara, o ser tonto, que también puede ser. El caso es que después de intentar semejante desatino, va el señorito y se sube el sueldo SOLO un 10% y nos lo vende como un favor.
Es decir, en este país, tan necesitado en estos momentos de «inspirar confianza» viene la derecha y mete la pata y después viene la izquierda y se gasta las perras.
A lo mejor es que ya se ha acabado la crisis y no nos hemos enterado.
Perdonen que insista pero: «No hay más tontos porque no hay sitio».



Lo de Montoro sin comentario, es la linea de la derecha rancia de este Pais donde para ellos vale todo con tal de llegar al poder. Pero lo del «tolete» de alcalde pseudosocialista ¡Vamos! Clama al cielo. Lo mas honrado seria que dimita o hacerlo dimitir por «zoquete»
DIFERENCIAS DE SOCRATES Y LOS SOFISTAS
La confusión de Sócrates como Sofista está continuamente presente en multitud de testimonios desde los mismos tiempos de las Nubes de Aristófanes. Hoy sabemos que las diferencias filosóficas entre Sócrates y los Sofistas existieron. Estas son algunas:
Los sofistas son codiciosos de dinero y se hacen pagar por sus lecciones. No hacían nada malo, por ello, y estaban dentro, como dice Protágoras, dentro del comportamiento tradicional griego. Sócrates, que no se consideró nunca un sabio, jamás pidió dinero a cambio de sus enseñanzas.
Los sofistas tienen un afán profesional por enseñar y modelar el alma de los jovenes. Sócrates siente horror ante la caza del alma: el alma, es algo que no confiaría ni a mi padre, ni mi a mi hermano ni a ninguno de mis amigos.
El sofista cultiva un arte de apariencia y es un forjador de imágenes y está dotado de una ciencia opinable y no verdadera. Sócrates que ambiciona la búsqueda de la verdad pura, sintió el vértigo de que pudiera triunfar una habilidad consistente en hacer parecer lo bueno malo y viceversa, con lo que la verdad sería una mera cuestión de utilidad, llevando a que las mismas leyes de la ciudad se hicieran cosa de conveniencia y no de justicia. Por todo ello, Sócrates busca la liberación de esta frivolidad acudiendo a la dialéctica: más vale lograr poco, pero bueno que mucho pero equivocándose.
Frente a la retorica y la oratoria de los sofistas, Sócrates aguza su dialéctica. Según Sócrates, la retórica deja la certeza reducida a mera probabilidad y subjetivismo, y éste no hace al hombre más sabio que un renacuajo.
Los sofistas mantienen una actitud práctica radicalmente distinta a la actitud teórica mantenida por Sócrates. La actitud practicista de los sofistas representaba un desdén sobre todo lo puramente teórica referido al orden humano o divino. Y es que los sofistas, según Sócrates, llenaban a la gente de dudas sobre las leyes y la religión de su ciudad. Ante tal orientación, Sócrates concentró toda su atención no en problemas de tipo práctico, sino en el intento de averigüar que es la piedad y la impiedad, lo hermoso y lo feo, lo justo y lo injusto. En este tipo de investigaciones es en donde Sócrates encuentra su originalidad. Frente al puro pragmatismo del éxito, que sostienen los sofistas, Sócrates se inclina por la estimación moral heredad pero interiorizada. Frente a la moda sofista en contra de los prejuicios heredados, Sócrates aparece como un defensor de la vieja moral. Toda su vida se mantuvo como un eterno insatisfecho, buscando el norte de la seguridad moral y de la verdad. Por ello, dejó para los sofistas el apelativo de sabios, como sinómino de aquellos que son capaces de tomar lo que a cualquiera le parece mal y consiguen hacerlo aparecer como bien, y tomó para él, el nombre de filósofo, es decir, el aficionado a la sabiduría.
Por último, para Sócrates el hombre no nace libre sino dentro de la historia y vinculado a su ciudad. Todo lo que rodea al hombre: familia, sangre, religión, etc es lo que sitúa al hombre sobre una raiz. Sócrates está muy lejos del afán disolvente del sofista que predicará que el hombre nace libre y aislado. Pues bien, Sócrates rechaza resueltamente la idea de la individualización del sujeto atómico, sin vinculaciones ni raices.
CONTEXTO HISTORICO
El sistema político de la democracia ateniense del siglo V a.C., constituía una de las formas de gobierno más perfectas de la Antigüedad Clásica. La ciudad de Atenas contaba en este período con instituciones como la Asamblea de ciudadanos, el Areópago y los tribunales de Justicia, siendo sus magistraturas accesibles por sorteo al conjunto de los ciudadanos.
En este sistema, la Ekklesia o Asamblea popular asumía el poder legislativo, así como las diversas materias de política exterior. El Consejo de los 500 creado por Clístenes, era un órgano complementario de la Asamblea, cuyos miembros eran elegidos entre las 10 tribus del Ática. Finalmente el Areopago formado por ex-arcontes mantenía sus prerrogativas legislativas.
La existencia de este sistema democrático, implicaba que algunos grupos sociales como los extranjeros o los esclavos se ocupaban de las actividades económicas y del mantenimiento de la población, lo que permitía que los ciudadanos pudieran atender los asuntos políticos de la ciudad.
Además de disponer de un sistema democrático, Atenas detentaba su hegemonía sobre la Liga délica, que agrupaba a diversas ciudades jonias, constituyendo de esta forma un imperio marítimo. Esta liga ático délica, fue constituida en inicio como defensa contra los persas, aunque se convirtió en un instrumento de los intereses y del imperialismo ateniense. Durante este período se declara la Guerra del Peloponeso (431-404) entre Atenas y Esparta, que contaban entre las ciudades griegas con sus respectivos aliados. Pericles, dirigirá el ejército ateniense en los primeros momentos de este conflicto, evitando un choque con el ejército espartano de tierra, de superior potencia y utilizando la flota ateniense. Este período conflictivo de lucha entre las polis griegas, acaba en el 404 con la derrota de Atenas y la disolución de la liga délica. Se iniciará en este momento la hegemonía de la ciudad de Esparta, estableciéndose oligarquías en toda Grecia con el apoyo de guarniciones espartanas. Atenas va a conocer un breve período de gobierno de la oligarquía. En el año 403 a.C. Trasíbulo va a restablecer la democracia ateniense. Se abandona la política marítima imperialista, que había caracterizado el período anterior, iniciándose un período de fomento de la agricultura y la artesanía.
Las artes y la filosofía destacarán de forma ostensible en la Atenas de este momento. Atenas se convirtió en el siglo V a.C. en el principal foco de cultura en Grecia. En el campo artístico Fidias realizará la estatuaria del Partenón y se encargará de dirigir todas los trabajos que se realizaban en aquel edificio. Este templo dórico de Palas Atenea en la Acrópolis, cuyas obras se inician poco después del año 450 a.C.,será obra de los arquitectos Ictinos y Calícrates. Dentro de la filosofía destacarán Sócrates y Platón, este último fundador de la Academia ateniense. Aparecen en este momento dentro de este ámbito los sofistas, que se proponen impartir una formación general con el fin de hacer a los jóvenes aptos para la vida pública. En este momento debemos también destacar a autores como Sófocles, Eurípides y Esquilo en el campo de la tragedia y dentro de la comedia de carácter político a Aristófanes.
LOS SOFISTAS
A diferencia de los filósofos jónicos que se pasaban sus vidas meditando para sí mismo, acerca de los enigmas del universo (cosmos), los sofistas tuvieron bases más sólidas y consistentes; reflexión sobre la sociedad y el hombre. Se pasa de una época cosmológica a una antropológica.
La palabra “sophistes” significaba maestro en sabiduría. Los sofistas empezaron a desarrollar su actividad durante la segunda mitad del siglo V. Andaban de un lugar a otro, participando en la política y cobrando por sus lecciones. Las asignaturas que impartían eran: oratoria, retórica, elocuencia y dialectal.
Estos sofistas se plantean la posibilidad de conocer la verdad, mas aún, la posibilidad de que exista; y en el caso de que exista, si el entendimiento humano es capaz de captarlo. Este cambio de orientación, se da por un profundo cambio en la sociedad ateniense
Sabían de todo (o mejor dicho de casi todo, porque conocer todo de todo es imposible) el saber: astronomía, geometría, aritmética, fonética, música, pintura. Su ciencia no buscaba la verdad sino la apariencia de saber.
Enseñaban la “areté” (virtud, pero no tenía el significado al que nosotros nos referimos; más bien se referían a “lo que es propio de”) requerida para algunas circunstancias sociales y políticas.
La primera exigencia de esa “areté” era el dominio de las palabras para ser capaz de persuadir a otros; con ella, se intentaba que los oyentes entraran en razón. A esta arte la llamaban: «conducción de almas». Platón más tarde, la definió como «captura» de almas.
Estos sofistas; no eran filósofos, pero tenían en común una actitud que sí puede llamarse filosófica: el escepticismo y relativismo. Creían que el ser humano no era capaz de conocer una verdad válida para todos; ya que cada uno tiene su propia verdad.
Los sofistas se muestran escépticos; para ellos, la verdad se encuentra en lo profundo, y no es asequible al conocimiento humano; es decir, “no hay verdad absoluta” (relativismo) y “si la hay, no es posible conocerla” (escepticismo).
El relativismo, se define como algo, cuyo valor depende de aquello con lo que se relaciona o se compara (alto/bajo, bueno/malo, etc.).
Y el escepticismo es una actitud intelectual, que decide suspender el juicio en el conocimiento, ya no hay nada seguro que conocer.
Sus enseñanzas poseían características comunes entre las que se pueden destacar algunas de las siguientes:
1) El interés por el hombre y la sociedad, en relación con la civilización y la cultura.
2) Posición relativista, tanto respecto a la posibilidad del conocimiento como respecto a las formas de organización social y política del hombre
3) Distinción entre las leyes sociales (nómos); que se consideran producto humano, y las leyes de la naturaleza (physis).
4) El interés por la retórica y la erística, en una sociedad democrática en la que el dominio de la palabra y del discurso significaba el éxito.
5) La investigación de los sofistas era guiada por la finalidad práctica, es decir: enseñar el arte de vivir y de gobernar.
La mala reputación que posteriormente adquirieron los sofistas se debió, en gran parte Platón, por las acusaciones contra los sofistas que se encontraban en algunas de sus obras; que cobraban por enseñar, que eran relativistas y que sus teorías conducían al escepticismo.
Entre los sofistas más destacados podemos encontrar a Protágoras de Abdera, Pródico de Ceos, Hipias de Elis y Gorgias de Leontini.
A esta crisis en la época sofista, el único que puede corresponder de una manera eficiente, es Sócrates.
para entender lo que pasa no solo en España si no en el mundo hay que estudiar a Socrates el murio en nombre de la democracia esta si no se sabe lo que es puede ser perfecta y muy dañina
el pueblo elige y si elige mal todos pagan y si elige bien solo unos pocos pagan
1. Sócrates: horas antes de su muerte
2. Sigamos, pues, a Platón y dejémonos llevar de él.
Sócrates,fundador de la filosofía ática, nació hacia el año 469 a. de J.C., procedente de una familia humilde perteneciente al demo de Alopece. Su madures coincidió con el gobierno de Perícles, época conocida como el siglo de oro de Grecia. Atraídos por el esplendor de Atenas, acudían a ella los personajes más eminentes de la Hélade, llegaban de todas las regiones de la península, se reunían en el ágora de la ciudad, que era el lugar de los grandes foros. Allí hacían demostración de sabiduría, les llamaban, los sofistas. Sócrates se acercaba a ellos para aprender de su ciencia, sin embargo, persuadido de que más bien la negaban, estudió la dialéctica para combatirlos con sus propias armas.
La juventud dorada de Atenas sentía gran atracción por aquellos sofistas que impresionaban al publico con sus actitudes teatrales. Se vestían con largo manto de púrpura, como los antiguos rapsodas, y se presentaban en publico, no para recitar los poemas homéricos, sino para lucir su destreza en la retórica, como elocuentes oradores que podían defender o refutar cualquier cosa, con la misma habilidad, mala o buena que fuese, Su arte y su doctrina la enseñaban a los jóvenes mediante un salario, y llegaban a reunir de este modo una envidiable fortuna.
Los mas renombrados fueron: Gorgias de Leontino, en Sicilia, Protágora de Abdera,. Pródico de Geos, Hippias etc. Jactabanse de poseer conocimientos universales, y discutían capciosamente sobre las cuestiones mas opuestas, pretendiendo que acerca de cualquier problema podía sostenerse el pro y el contra, lo justo o injusto, y acabando por negar la existencia de verdades universales, así en los dominios de la teoría como en los de la practica.
Sócrates, en cambio, no pretendía divulgar ninguna doctrina en especial, por que, según afirmaba insistentemente, lo, único que sabía, era que no sabía nada. Su divisa reproducía la máxima «conócete a ti mismo», inscrita en el frontón del templo de Delfos, en la cual resumió la finalidad fundamental de los estudios filosóficos, es decir, la naturaleza de la virtud y el vicio, el modo conducente a lograr la fuerza del carácter, el dominio de sí, la justicia para con los semejantes y la piedad hacia los Dioses.
Nuestro filosofo, que no escribió nada, daba sus enseñanzas paseándose por la plaza publica; trabando conversación con la gente, ponía en juego la ironía, que fingiendo ignorar, interrogaba. Así como la mayéutica o arte de llevar a sus interlocutores a dar por si mismo con la verdad. En sus conversaciones, mas bien que transmitir una verdad, insita a sus discípulos a que indaguen por si mismo, y que en sus reflexiones, aprendan a buscar el camino de la investigación y de la exactitud, si es que esta ultima existiera como verdad absoluta.
Así, pues, lo que propiamente constituye la enseñanza socrática es el aprendizaje de un método para buscar la verdad, y su preocupación, es la formación moral del ciudadano. Cree que no hay malos a sabiendas, es decir, que quienes obran mal lo hacen creyendo que es el bien. De aquí que Sócrates considere indispensable la sabiduría para adquirir la virtud. Su misión fue servir de conciencia a la ciudad de Atenas para descubrirles sus vicios e incitarla a la virtud. Se compara con ello con un jinete que espolea a su cabalgadura para hacerlas marchar por el buen camino. Sin embargo, los hombres no gustan de que se les diga la verdad, cuando esta es desagradable.
Sócrates se conquistó con su actitud, entre las almas ruines de sus compatriotas. Odios y enemistades que, a la postre fueron el motivo fundamental de su condenación. En efecto, acusado de haber introducido en su patria Dioses nuevos y señalado por sus detractores como corruptor de la juventud, fue enjuiciado y condenado a beber la cicuta, -brebaje venenoso que utilizaban los atenienses para ejecutar a los sentenciados a muerte- después de defenderse en su apología, escrita por Platón y en los últimos momentos de Sócrates, narrados por su discípulo mas ilustre Fedón.
El pensamiento Socrático, que tan profunda influencia a ejercido en la filosofía de todos los tiempos, nos es conocido gracias a las obras de Platón y algunos de los escritores de Jenofontes, particularmente los memorables o conversaciones con su maestro, en la que este es presentado como un ciudadano probo y piadoso; La apología, destinada a demostrar la inocencia del filosofo Ateniense y El banquete, relato de una comida durante la cual expone Sócrates su teoría acerca del amor.
SÓCRATES: HORAS ANTES DE SU MUERTE
Empieza el alba, la nave de Delos llegaba. Fedón el discípulo más ilustre y querido de Sócrates, fue el primero en llegar al ágora de Atenas, punto de reunión de los condiscípulos para despedir en la cárcel, quien fuera en ese momento, su gran maestro, y poder estar con el en su ultimo día de vida terrenal. Uno por uno van llegando con la tristeza de saber que verán por ultima vez a su filosofo. El bueno de Apolodoro, Critóbulo y su padre el rico y generoso Critón, Hermógenes y Epígenes; el cínico Antístenes, que tanto aprenderá en ese día; Ctesipo y Menéxeno; Simias , Cebes y Fedondas, los tres tebanos; Euclides y Terpsión; megarenses ambos, el primero creador de esa escuela que sirvió de cenáculo a los socráticos en el momento de miedo y cobardía que siguió a la muerte del maestro. Todos están allí. Faltan tal vez algunos cobardes, y Platón está enfermo y no ha podido acudir.
Lo encuentran como era ya una costumbre, sentado en el habitáculo de la prisión, pero esta vez estaba desatado pues en su ultimo día, el reo recibe consideraciones especiales. Se frota las piernas, adoloridas por las cadenas que ha soportado en la prisión todo el tiempo en espera de la ejecución de la sentencia
Su mujer Xantipa, sentada junto a él, prorrumpe en gritos al ver entrar a cada uno de sus amigos. Son esos gritos que en los países latinoamericanos se oyen siempre, sin ningún pudor, en los entierros: ¡Ay, Sócrates, que es la última vez que habláis! ¡Ay, que por última vez ves a tus amigos!
Sócrates no puede sufrirlo más y le ruega a Critón,- que como hombre rico que era se habría hecho acompañar de sus esclavos-, que se llevasen a la infeliz Xantipa, la cual tenía: nos dice Platón, a su hijo más pequeño en brazos. Hay que observar que esta conducta no era entonces tan dura como nos parece a nosotros, ya que la mujer distaba de estar a la misma altura social que el marido, y, por otra parte, bastaba con que los amigos llegasen para que la mujer desapareciera, conforme a las costumbres de los atenienses.
Sócrates se incorporó en su asiento, apoyó los pies en el suelo y mirando con estima y afectividad a sus discípulos empieza su acostumbrada conversación y doctrinaje. Esta actitud del maestro, muy común en el, y en este caso se trataba nada menos de no confundir la buena disposición que el tenía para el encuentro de la muerte con el suicidio. No en vano Sócrates moría en un punto en que el despego del vivir podía convertirse en una peligrosa epidemia. Era necesario llenar la vida de espontaneidad religiosa, para que no venciese la muerte.
Es probablemente el Sócrates histórico el que en nombre de la religión tradicional se opone al misterio que dice que el cuerpo es una cárcel o tumba del alma, y que lo mejor que podemos hacer es huir de ella y buscar la verdadera resurrección y libertad. Es ética tradicional, vieja religión, lo que Sócrates en Platón toma del pitagorismo y enarbola como razón suprema. –Lo Dioses – dice – son nuestros amos; nosotros somos tan suyos como si fuéramos su rebaño y ellos nuestros pastores. No podemos, pues, disponer de nosotros mismos ni hacernos daño-.
Era en la religión heredada, donde Sócrates buscaba la razón suprema para resistir a la desesperación que iba a invadir el alma antigua. Y esto, sin dejar de afirmar, desconcertadamente, que el filósofo debe acudir gozoso a la muerte. Sus discípulos no comprenden todavía bien las dos cosas: si la muerte es deseable, ¿por qué no- buscarla? si no lo es, ¿cómo se explica la serenidad ante ella?
Sócrates estaba aquí, como en todo lo demás de su vida, en un equilibrio tan difícil, que resultaba incomprensible aun para sus más fieles discípulos. En el fondo, su filosofía consistía esencialmente en ese desprecio del instinto que nos liga desesperadamente a la vida.
Platón sabía que había que buscar para Sócrates una razón en su sacrificio, y creyó que lo mejor era fundamentar su serenidad en la fe en la inmortalidad y en la providencia de los Dioses. Pero, en realidad, Sócrates no necesitaba esta fe para correr hacia la muerte. Es este uno de los momentos más extraños en los últimos días de Sócrates. .
Sócrates se exalta. Critón le dice de parte del verdugo que no se excite en la conversación pues si se acalora, el veneno tardará más en hacer efecto. «No le hagáis caso -dice Sócrates-, que se ocupe de su menester y que prepare lo que haga falta, aunque sea ración doble y aún triple »
No es precisamente con base en creencias con lo que Sócrates corre hacia la muerte, sino privado por el cultivo de la filosofía del instinto que se agarra a la vida. «Los que cultivan bien la filosofía -dice- , los demás no se dan cuenta de que lo único que cultivan es la muerte.»
La filosofía socrática se nos descubre en estos momentos últimos como una verdadera preparación para la muerte. Todo lo que la filosofía socrática tiene aparentemente de vulgar se convierte en cosa sublime y extrahumana. Tanto que, acentuando mucho lo que se había iniciado en Pitágoras y en los misterios, y en general en las doctrinas helénicas de inmortalidad, el alma queda separada del cuerpo.
No cabe duda que este aspecto de Sócrates fue Platón el que mejor lo comprendió y el que supo recogerlo como herencia. La filosofía se convierte así en una sublimación de la corriente religiosa purificatoria, se hace la purificadora por excelencia, la que por anticipado, mientras Dios llega a liberarlo, nos purifica del contacto con el cuerpo. En lo que no consiste esta pureza es precisamente en la verdad, con lo que la doctrina tiene un sello intelectualista que revela su origen socrático.
Cuando le preguntan acerca del entierro, Sócrates dice una frase alada como una flecha: «Como queráis, que no me escaparé de vuestras manos.» Los discípulos sienten crecer su asombro. Sócrates habla de sus funerales con una calma y una naturalidad que están bien lejanas de los lamentos de los héroes homéricos.
Cuando se acerca el momento supremo, no podemos menos de seguir literalmente a Platón- Fedón-59 ss -Podrá, haber una poetización, lograda, como las estatuas antiguas, suprimiendo detalles individuales, o añadiendo por el contrario rasgos de valor general. Pero cuando la poesía se ha convertido sustancialmente en realidad, cuando es una escena poética donde se ha conservado un hecho, mientras que la realidad y los hombres mismos se han convertido en polvo, la crítica histórica se convierte en una nimiedad, en una impertinente exigencia.
Sigamos, pues, a Platón y dejémonos llevar de él.
«Después de hablar así, Sócrates se levantó y pasó a otra cámara para bañarse, y Critón le siguió, y nos mandó aguardar. Estábamos, pues, hablando unos con otros acerca de todo lo que se había dicho y repasándolo, y nos lamentábamos de cuán gran desgracia nos había sobrevenido, en la creencia de que íbamos a pasar el resto de nuestra vida como huérfanos privados de su padre .
Luego que se hubo bañado y trajeron junto a él a sus hijos y llegaron las mujeres de su casa, habló con ellos en presencia de Critón y les dió las órdenes que quiso; despidió a las mujeres y los niños, y vino hacia nosotros. Ya era cerca de la puesta del sol, pues había gastado mucho tiempo dentro. Llegó ya bañado, se sentó, y no le dio tiempo de hablar mucho, cuando llegó el servidor de los once y, de pie junto a él, le dijo:
-Sócrates, no pensaré de ti lo que pienso de otros que se enfurecen contra mí y me maldicen porque les traigo la orden de beber el veneno,según obligan los magistrados .De ti ya he conocido este tiempo en todo que eres el hombre más noble, paciente y bueno de cuantos jamás vinieron aquí, y ahora sé bien que no te enojas contra mí, sino contra los culpables, que ya los conoces, Ahora, pues, como sabes lo que vengo a comunicarte,adiós ,y procura soportar sencillamente lo inevitable.
Y llorando dio la vuelta y se marchó .
Sócrates, mirándole, dijo:
-Salud también a ti, y yo haré lo -que me dices.
Y luego a nosotros nos dijo: ¡Que amable es! Todo el tiempo solía visitarme y a veces hablaba conmigo, y era un hombre excelente, y ahora, qué noblemente me llora.
Mas ea, Critón, obedezcámosle, y que alguien traiga el veneno si ya está molido, y si no, que lo maje el hombre.
Y Critón dijo: Me parece a mí, Sócrates, que todavía está el sol más alto que los montes y que aún no se ha puesto. Y además sé que otros lo han bebido ya muy tarde después de recibir la orden, luego de cenar y de beber y de gozar a alguien que acaso les apetecía. No tengas prisa, que aún hay tiempo.
Y Sócrates dijo: Con razón esos que tú dices lo hacen, pues creen que ganan algo con hacerlo, y con razón yo no lo haré, pues no me parece que sacaría otro provecho con beber un poco más tarde que el que se rieran de mí por aferrarme a la vida y andar ahorrando lo que ya nada es. Así que -dijo- obedeceré y no me desatiendas.
Critón, entonces. hizo una señal al esclavo que estaba cerca, y el esclavo salió, y después de gastar un poco de tiempo ,volvió acompañado por el que había de dar el veneno, que lo traía disuelto en una copa. Cuando Sócrates le vio, dijo al hombre: -Vamos, amigo, tú que sabes de esto, ¿qué es lo que hay que hacer?
-Nada más -dijo- que dar unas vueltas después de beber, hasta que te venga en las piernas pesadez, y entonces has de acostarte y de esta manera hará su efecto.
Y con esto alargó la copa a Sócrates. Él la tomó, y muy serenamente, sin temblar ni alterársele ni el color ni el rostro, sino, según solía, mirando de reojo como un toro, al hombre dijo: -¿Qué dices sobre si con esta bebida es lícito hacer una libación? ¿Se puede o no?
-Disolvemos, Sócrates, lo que pensamos que es lo justo para beber.
-Comprendo -dijo él-, más es lícito y necesario orar a los Dioses que sea feliz el traslado desde este mundo hacia allá; lo cual yo les suplico, y así sea. Y diciendo así, aplicó la copa a los labios y con toda sencillez apuró la bebida. Y la mayoría de nosotros,que hasta entonces había podido contener el llanto, cuando, vimos que había bebido, ya no pudimos más y las lágrimas me brotaban con fuerza -cuenta Fedón, el testigo sobre cuya fe lo refiere Platón- y a hilo, de manera que me hube de cubrir con el manto y gemía por mí mismo, que no por él, sino por mi desgracia de perder tal amigo. Y Critón aún antes que yo, como no era capaz de contener las lágrimas, se levantó y salió.
Apolodoro ,que en todo el tiempo anterior no había cesado de llorar ,entonces se puso a lamentarse y gemir y enfurecerse, y no dejó de quebrantar el ánimo de ninguno de los presentes, excepto del mismo Sócrates.
Y él dijo: -¿Qué hacéis, hombres desconcertantes? Precisamente por ese motivo despedí a las mujeres, para que no cometieran estos excesos, pues en verdad tengo oído que se debe morir en religioso silencio. Así, pues, no alborotéis y conteneos.
Y nosotros al oírle tuvimos vergüenza y retuvimos el llanto. Y él ,después de haber dado unos paseos, dijo que le pesaban las piernas y se acostó boca arriba, que así le había mandado aquel hombre, y en seguida, el que le bahía dado el veneno le tocó, y dejando pasar un poco de tiempo, le examinaba los pies y las piernas, y después le apretó fuertemente los pies y le preguntó si lo sentía, y él dijo que no. Y después le volvió a tocar las piernas, y subiendo así, nos mostró cómo se enfriaba e iba poniendo rígido. Y le iba tocando y dijo que cuando le llegase hacia el corazón entonces se extinguiría.
Ya estaba frío el bajo vientre, cuando Sócrates se descubrió, pues estaba cubierto con un velo, y dijo y esto fue su última palabra: Critón, a Esculapio le debemos un pagádselo y no lo descuidéis.
Así será -le dijo Critón-; y mira si tienes algo más que decir.
A esta pregunta que le hizo ya no respondió, sino que después de pasar un poco tiempo se movió, y el hombre le descubrió, y tenía ya los ojos parados; y viendo esto Critón, le cerró la boca y los ojos.
Esta fue la muerte de nuestro amigo, hombre del que podemos decir que fue el mejor de cuantos en su tiempo conocimos y además el más prudente y el más justo.
El sacrificio del gallo a Esculapio se ha interpretado de varias maneras. La verdadera inteligencia de este piadoso encargo, está en la interpretación pesimista de la vida que tantas veces aflora en los griegos. El gallo se ofrendaba a Esculapio, precisamente en agradecimiento por la salud recuperada; y así, si Sócrates consideraba que había llegado el momento de hacer este sacrificio en acción de gracias, es que se encontraba curado de una enfermedad, de la enfermedad que es la vida. Nunca se había expresado con semejante pesimismo, pero de la autenticidad de esta actitud nos sirve de prueba la serenidad con que mira a la muerte.
Lo más terrible de la muerte de Sócrates es que Atenas continuó su marcha como si nada hubiera sucedido. La misma fatalidad que guiaba su evolución desde la religiosidad hacia el racionalismo y desde lo fecundo y genial hasta la esterilidad, siguió dominando todopoderosa después del asesinato o error judicial; y ni el discípulo más genial, Platón, se atrevió a arrostrarla como lo hizo Sócrates, pues por el contrario se dejo llevar por la creciente marea racional e intentó nada menos que gobernar este mundo.
Sócrates murió, y ni la tierra tembló ni se oscureció el sol, y la razón se siguió haciendo, a pesar de la terrible conciencia que a él le llevó a arrostrar la muerte, la dueña de los secretos de la vitalidad helénica .
Son falsos los cuentos que los fieles discípulos soñaron tal vez, y más tarde la tradición filosófica procuró recoger. Se nos ha dicho que los atenienses se arrepintieron enseguida, y que el luto llegó a cerrar las palestras y gimnasios, aquellos recintos donde habían resonado tantos diálogos del maestro. Desde luego que el fracaso íntimo de la restauración democrática en sus objetivos religiosos dejó muy pronto al descubierto lo incomprensible de la muerte de Sócrates.
Ante una injusticia tan grande, se daba expresión con esas historias al afán de venganza de la muerte de Sócrates. Así surge la leyenda de que los atenienses condenaron la muerte o desterraron a los acusadores, arrepentidos de su decisión, y en cuanto a Meleto, hasta se llegó a decir que le condenaron a muerte.
Estas fantasías son tanto más explicables cuanto que ya en Jenofonte se interpreta tendenciosamente el mal fin del hijo de Anito, como si fuera una especie de castigo por la iniquidad que cometió el padre del joven contra Sócrates y Antistenes por su parte, convertido en el vengador oficial de su maestro y contra el que se centran los tiros de los restauradores pronuncia una frase que debió impresionar: «Las ciudades perecen cuando no saben distinguir los buenos de los malos.»
Un paso más en las historias vengativas, y surge la de que los de Heraclea expulsaron de su ciudad a Anito el mismo día que llegó. Era como una maldición que perseguía a los culpables del crimen. Pero aunque el sentido de la justa venganza quede satisfecho, no hay que hacerse ilusiones de que todas estas historias sean verdades.
Poco puede añadirse a la sublime prosa platónica, en la que quedó para siempre, como en inmortal relieve, la última escena de la vida del maestro. La filosofía antigua no supo conformarse, sin embargo, con el admirable relato platónico, aunque los añadidos no tienen la menor verosimilitud. Por ejemplo:
Hallamos en la tradición la historia del famoso manto filosófico, de ese manto que fueron los cinicos los encargados de glorificar y convertir en una especie de hábito o librea del filósofo.
En este contexto se cuenta que: después de beber la cicuta, Apolodoro quiso ceder al maestro su hermoso manto para que se acostase sobre él.
«Pero, ¿cómo? -dijo Sócrates-, ¿habrá sido bueno mi manto para vivir y no lo va a ser para morir?»
Los Cínicos heredarían el manto de la verdadera filosofía socrática.
La muerte de Sócrates, que tan sobria como elevadamente nos ha contado Platón, les pareció a todos los discípulos, tanto los presentes como los ausentes, hermosa, y la memoria de sus últimas plática, produjo en todos imborrable impresión. Los más íntimos entre los discípulos quedaron sorprendidos ante la inaudita serenidad con que no alteró su vida mientras esperaba la fatal nave de Delos, en estos treinta días de plazo que prolongaron, con la angustia de los discípulos, pero con la actitud sublime y equilibrada de este genio pensante.
Solo una pequeña leyenda brota sobre la ignorada tumba de Sócrates. Se cuenta que un muchacho espartano llegó a Atenas lleno de devoción hacia Sócrates. Cuando se hallaba ya a las puertas de la ciudad, supo que Sócrates había muerto; preguntó entonces por su tumba, y cuando se la señalaron, después de hablar con la estela y lamentarse, esperó la noche y durmió sobre ella. Antes de que amaneciera del todo, besó el polvo de la tumba y se volvió a su patria.
Pálida leyenda, pero bastante religiosa es, si se piensa que tuvo fuerzas para surgir sobre el sepulcro de quien con arcaico pesimismo y pleno uso de razón dijo después de ser condenado a muerte: «Vosotros salís de aquí a vivir; yo, a morir; Dios sabe cuál de las dos cosas es mejor.»
al igual que el maestro hoy os repito sus palabras «» Solo se que no se nada
Solo una pequeña leyenda brota sobre la ignorada tumba de Sócrates. Se cuenta que un muchacho espartano llegó a Atenas lleno de devoción hacia Sócrates. Cuando se hallaba ya a las puertas de la ciudad, supo que Sócrates había muerto; preguntó entonces por su tumba, y cuando se la señalaron, después de hablar con la estela y lamentarse, esperó la noche y durmió sobre ella. Antes de que amaneciera del todo, besó el polvo de la tumba y se volvió a su patria.
Pálida leyenda, pero bastante religiosa es, si se piensa que tuvo fuerzas para surgir sobre el sepulcro de quien con arcaico pesimismo y pleno uso de razón dijo después de ser condenado a muerte: «Vosotros salís de aquí a vivir; yo, a morir; Dios sabe cuál de las dos cosas es mejor.»
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IRRESPONSABILIDAD Y DESFACHATEZ
by Javier Ledo Posted on 22 junio, 2011
Querido Javier lo que pasa en España y en el mundo no es ni irresponsabilidad ni desfachatez y no hay culpables o responsables de nada lo que pasa es que eso es
La DEMOCRACIA asi es la Democracia
Decía Platón también, que la Democracia era, de los seis tipos de gobierno de la ciudad, el menos malo… porque por lo menos preservaba la «libertad». Nuestra realidad es una triste y desfigurada democracia. Diría Platón una Demagogia, democracia corrompida en la que el «pueblo» ya no gobierna imitando al «político ideal» sino en función a sus propioa intereses. Todo lo que hay que saber está ya en los clásicos.
I Concure , pero recuerda que la palbra » libertad » siempre seria necesario escribirla tal como lo has hecho tu ahora , entre comillas , porque siempre al igual que la «Democracia » para que unos sean libres habra que violar los derechos fundamentales de otros y en la llamada » Democracia » pasa lo mismo ninguna de las dos incluye al 100% a todos , cuando en un pais cualquiera se elige » democraticamente » un gobierno y las elecciones son ganadas por un partido cualquiera con un 50.50% el resto 49.50 tendra que acatarlo sin que pueda hacer nada .
en realidad la democracia solo es posible acompañada de CIVISmo que si te das cuenta es la unica palabra que por su definicion misma nos llebaria a poder coexistir , vivir en paz .
Civismo:
El civismo (del latín civis, ciudadano y ciudad) se refiere a las pautas mínimas de comportamiento social que nos permiten convivir en colectividad. Se basa en el respeto hacia el prójimo, el entorno natural y los objetos públicos; buena educación, urbanidad y cortesía.
Se puede entender como la capacidad de saber vivir en sociedad respetando y teniendo consideración al resto de individuos que componen la sociedad siguiendo unas normas conductuales y de educación que varían según la cultura del colectivo en cuestión.
Destacar el civismo de la sociedad coreana como se demostró en 1997, cuando se organizó una campaña improvisada de donación de joyas de oro y plata para recomponer las maltrechas reservas cambiarias del país y así evitar la bancarrota[1] , y la sociedad nipona en el gran terremoto que sufrió en 2011.
gracias por tu comentario , un saludo Laura
Juicios de valor son una cosa, y otra los datos… ¿Cuál era la cifra sobre la que se incremento un 32%?… 600 euros, 1.000… 80.000… ¿?
¿Cual el paradigma de socialista?… para saber qué es pseudosocialista me parece imprescindible… 🙂
Bien, y puestos… disiento. El señor Montoro dice una verdad como cualquiera otra que así sea. Habla de economía, de la que sabe, y aunque es verdad que no la dice toda, aquello que dice no es mentira, y además de eso, todo el Mundo lo sabe… Otra cosa es, y también cierta, que siendo Diputado de la alternativa de Gobierno, busque perjudicar al actual. Pero supongo que no nos sorprenderá a ninguno que cuando los ‘profesionales’ de la política se ponen a ejercer de populistas y demagogos… se bastan solos. Y las medias verdades, especialmente, son muy socorridas.
El alcalde de Mollet rectifica y se subirá el sueldo ‘solo’ un 10%
elpais.com
El pleno del Ayuntamiento del Mollet del Vallès tiene previsto aprobar hoy un aumento del sueldo del alcalde, cargo que ocupa el socialista Josep Monràs: pasará de 59.000 euros brutos anuales a 78.000, lo que supone una subida del 32%. La decisión, pactada el lunes por los grupos municipales, cuenta con el apoyo del PSC, CiU y el PP. ERC ha mostrado su intención de abstenerse e ICV será la única formación que votará en contra.