Llevábamos meses —años, en realidad— asistiendo a lo que empezaba a parecer inevitable. La Agrupación Nacional creciendo en cada elección, el centro desangrándose, el mapa político francés tiñéndose de un azul marino cada vez más oscuro. Y en ese contexto, estas municipales traían una pregunta enorme: ¿iba a ser éste el momento en que la ultraderecha de Le Pen y Bardella diera el gran salto a las ciudades?
La respuesta ya la conocemos. Y es no.
El resultado, ciudad por ciudad
La noche de las elecciones, las listas de izquierda se impusieron en siete de las principales ciudades francesas: París, Marsella, Nantes, Montpellier, Estrasburgo, Lille y Lyon. Siete. Un número que nadie habría apostado hace apenas dos semanas.
En París, el socialista Emmanuel Grégoire se impuso con una sólida ventaja frente a la conservadora Rachida Dati, obteniendo el 51,8% de los votos. La capital francesa lleva 25 años gobernada por la izquierda y así seguirá. La extrema derecha, que llegó a la primera vuelta con resultados anecdóticos, no fue ni protagonista del desenlace.
En Marsella, la gran batalla de la noche, el socialista Benoît Payan fue reelegido como alcalde con el 53% de los votos, mientras el candidato del RN, Franck Allisio, se quedó en el 41,5%. Una brecha que nadie esperaba, teniendo en cuenta que en la primera vuelta ambos candidatos estaban separados por poco más de un punto.
En Lyon, el alcalde saliente Grégory Doucet obtuvo el 54% de los votos, aliado con La Francia Insumisa, derrumbando todos los sondeos que lo daban por perdido.
Y luego está Tolón. Quizás el golpe más duro para el RN de toda la noche. Después de haber reunido el 42% en la primera vuelta, el partido no pudo derrotar al frente democrático y republicano que respaldó a la alcaldesa saliente de centroderecha Josée Massi, que totalizó el 52,9%. La ultraderecha llegó favorita y se fue con las manos vacías.
Ni en Marsella, ni en Nîmes, ni en Tolón —las tres grandes ciudades que aspiraba a gobernar— logró hacerse con la alcaldía.
El frente republicano: incómodo, pero funciona
Estas victorias no cayeron del cielo. Se construyeron con negociaciones difíciles, pactos que costaron y renuncias que a más de uno le amargaron la semana.
El caso más ilustrativo es Marsella. Francia Insumisa, que había hecho un resultado respetable en la primera vuelta, retiró su candidato para concentrar el voto progresista en torno al socialista Payan. Ceder el protagonismo en política duele. Pero funcionó.
En Tolón, la operación fue a la inversa: fue la centroderecha quien se cuadró para no dejar pasar al RN. El llamado front républicain —ese cordón sanitario que lleva años mostrando grietas— aguantó donde más importaba.
El RN registró su mayor frustración precisamente en Tolón, y en ese resultado también pesó el mal recuerdo del propio partido, cuyo gobierno al frente de esa ciudad entre 1989 y 1995 terminó mal. La memoria, a veces, vota.
Seamos honestos: tampoco es una victoria total
No todo son buenas noticias para el campo democrático, y maquillarlo sería un error.
En Niza, Éric Ciotti, aliado de la Agrupación Nacional, obtuvo el 45% de los sufragios y ganó la alcaldía frente al veterano centrista Christian Estrosi. La quinta ciudad más grande de Francia cae en manos de la extrema derecha. Es un golpe simbólico importante.
Para el RN su único consuelo en esta elección es su participación —como aliado menor— en la victoria de Ciotti. Por lo demás, perdió todos los desafíos que había lanzado para imponerse en ciudades de primer orden: Marsella, Lille, Lyon y Toulouse.
Y dentro de la izquierda, no todo es alegría. El secretario general del Partido Socialista acusó a Francia Insumisa de hacer perder a la izquierda en bastiones históricos como Clermont-Ferrand, Limoges, Poitiers y Besançon, cuyos alcaldes salientes habían fusionado sus listas con el partido de Mélenchon. La guerra intestinal de la izquierda sigue siendo su mayor debilidad de cara a 2027.
Para los ecologistas, además, estas victorias tienen un sabor agridulce: los Verdes perdieron las alcaldías de Besançon, Burdeos y Estrasburgo.
Lo que cambia de cara a 2027
Un año. Eso es lo que falta para que Francia elija presidente. Y estas elecciones, aunque municipales, eran en realidad un ensayo general de lo que viene.
El nuevo alcalde de París, Emmanuel Grégoire, afirmó que «París será el corazón de la resistencia contra la extrema derecha». Palabras que huelen a campaña, porque lo son.
El problema de fondo no ha desaparecido. Bardella sigue siendo favorito en los sondeos presidenciales. La tendencia de largo plazo del RN sigue al alza en el mundo rural y en las ciudades medias. Nada de eso ha cambiado esta noche.
Pero lo que sí ha cambiado es otra cosa más difícil de medir: el relato. Durante meses había una especie de resignación colectiva, la sensación de que el avance ultraderechista era imparable, que los diques iban a ceder uno tras otro. Esta noche esa narrativa recibe un golpe directo.
La derecha conservadora y el Partido Socialista surgieron como los grandes ganadores en un claro voto de rechazo a los extremismos representados por La France Insumisa y el RN, que se estrelló una vez más contra el techo de vidrio que le impide alcanzar una dimensión verdaderamente nacional.
Una pequeña luz, pero luz al fin
En política, como en la vida, los momentos de esperanza son escasos. Hay que saber reconocerlos cuando llegan, sin exagerarlos ni ignorarlos.
Esta noche, en París, en Marsella, en Lyon, en Tolón y en otras seis capitales grandes, la democracia francesa ha demostrado que sabe organizarse cuando se lo propone. Que el miedo puede ser un motor, no solo un paralizante. Que las alianzas incómodas, a veces, salvan ciudades.
No es una victoria definitiva contra la ultraderecha. Sería ingenuo pensarlo. Pero es una señal real de que la tendencia puede frenarse… e incluso revertirse.
Y a veces, en tiempos difíciles, con eso basta para coger aire, reorganizarse y seguir.
Lejos de entender con profundidad la política de frentes de izquierda en Francia, tras el escrutinio y resultados en estas municipales, lo que observo es que el bastión de la unidad funciona. Además, si hay partidos pequeños dentro de ella que pueden decidir apoyar a otros porque ganen más votos, lo crucial es olvidar intereses meramente partidistas y pensar en la ciudadanía francesa. Me ha llamado la atención que la ultraderecha se ha dado un canto en los dientes cuando se ha obrado sin interés por parte del frente más o menos amplio formado, en ciudades importantes. Y París, resiste. Si esto es un anticipo de las elecciones generales, espero que sepan actuar en consecuencia, el pueblo y sus representantes.
Me ha gustado mucho conocer la situación política tras estos comicios.
Un saludo