Política

CATECISMOS, ARGUMENTARIOS Y SENTIDO COMUN

◆   20 de septiembre de 2011  ·  Javier Ledo
No hace mucho estábamos como ellos...

Hasta bien entrados los años 60, en este país los iconos del poder se reducían a tres, el alcalde, el cura y el maestro.

Eramos un país de pueblo, las ciudades se veían lejanas y extrañas.

Fueron tiempos difíciles debido a los condicionantes sobrevenidos y provocados por la Guera Civil española.

Se reunían en estas tres figuras la cultura, la religión y la política.

Estos tres poderes se regían curiosamente por una «constitución» muy «sui generis»: El catecismo.

Eramos un país católico, apostólico, romano y esto condicionaba nuestra vida hasta extremos que hoy en día serían inimaginables.

¿Recuerdan la Semana Santa con todas las discotecas, pubs y demás garitos cerrados? Las radios con música clásica y en la tele, la única, pelis de historia sagrada.

Pero aquellos años pasaron, llegó la apertura, los referendum y las elecciones por todas partes, ayuntamientos, congreso, senado, etc,…

Fueron momentos de nuestra vida intensos, nos sentíamos partícipes de todo lo que estaba ocurriendo en nuestro país y «creíamos» realmente que estábamos construyendo nuestro futuro.

Poco a poco las nuevas estructuras se fueron asentando, los partidos políticos tomaron el relevo de aquellos viejos y desgastados iconos y como toda superestructura, el joven poder creó nuevos mecanismos de dominación y desgraciadamente a imagen y semejanza del viejo régimen al que habían liquidado.

Y de esta manera surgieron los «argumentarios», esas hojitas parroquiales pero con siglas partidistas en donde se le dice a la gente lo que tiene que decir y cómo defenderlo ante los infieles.

En los dos casos, el del «catecismo» y el «argumentario», ninguno te invita a pensar o a debatir, sino que te imponen un pensamiento ya procesado en algún despacho, siempre lejano, y te obliga a ser «acrítico» y fiel al «pensamiento único» a riesgo de verte condenado al ostracismo si te rebelas o te sales del guión.

Con los tiempos que corren yo propondría una hojita parroquial particular, el «sentido común» y con esta hojita personal e intransferible, pensada por cada uno de nosotros y compartida con el resto de la sociedad quizá podríamos salir adelante.

Dificil ya lo se, pero ¿que hay fácil en esta vida?

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