Ultimatum de los CDR

Ultimatum de los CDR.

Los no independentistas si que han sido muy pacientes.

El decadente serial en que se ha convertido el proceso impulsado por la minoría independentista catalana se basaba en una serie de premisas voceadas a los cuatro vientos desde su inicio y que se han demostrado como burdas mentiras.

 

Primera mentira: El proceso será rápido.

Sin embargo llevamos ya 6 años y no se vislumbra ni un atisbo de independencia o referéndum, a lo único que podrán aspirar –cuando todo esto acabe– será a un nuevo estatuto.

 

Segunda mentira: El proceso no afectará a la economía catalana.

Pero ocurrió, miles de empresas a la fuga, depósitos bancarios cruzando las –hipotéticas– fronteras de la comunidad, caída del turismo, pérdida de inversiones y en consecuencia desplome del PIB catalán. El resultado no ha sido otro que una comunidad asistida financieramente por el “resto” de España.

 

Tercera mentira: No se producirá fractura social.

Estamos siendo testigos de cómo se confeccionan “listas” de empresas “desafectas” del proceso y a las que se recomienda no comprar sus productos.

Y en lo personal resulta aún más evidente pues tenemos a los que llevan lazo amarillo y los que no, los que cuelgan la estelada y los que defienden los símbolos constitucionales, los que fueron a votar en aquel remedo de referéndum y los más sensatos que se quedaron en su casa.

En resumen, estos inconscientes han provocado la división y el enfrentamiento de la sociedad catalana.

 

Cuarta mentira: No habrá violencia.

Esta última mentira es la más pertinaz de todas pues desde el principio ha sido la constante en la que se ha basado este proceso.

La violencia –para ser considerada como tal– no siempre ha de ser traducida en algo físico, el desprecio hacia los que piensan diferente, el supremacismo ante los no nacidos en Cataluña, los insultos a los inmigrantes,… esto ha sido así hasta hace bien poco tiempo pero ahora, los independentistas conscientes de su impotencia, desesperados y frustrados han dado un paso hacia su propia autodestrucción como movimiento político.

Con su presidente? constituido en un burdo activista de los CDR han comenzado a utilizar el arma de los desesperados y de los que no poseen ningún argumento que defender, la violencia pura y dura.

Para remate de este sin sentido nos encontramos a Torra enviando un ultimatum al gobierno central con una desfachatez que raya en la estupidez más absoluta, un pobre presidente autonómico retando al Estado como si esto fuese una película del oeste.

Probablemente este sea el canto del cisne del presidente autonómico y ante la respuesta firme del Ejecutivo Central  de no ceder a chantajes tendrá que –de una vez por todas– rendirse a la evidencia de su fracaso.

De no ser así solamente se vislumbraría otra opción con un formato ya conocido –otro 155– pero esta vez seguro que el PSOE sabrá aplicarlo con mucha más diligencia que la demostrada por Rajoy.

Hay bastantes cuestiones que esta democracia tiene pendientes de solución –Cataluña y País Vasco entre otras muchas– y una vez más habrá de ser el PSOE el que tendrá que dar un paso adelante para su definitiva solución.

Como siempre.

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