Regreso al pasado para ahuyentar este futuro.

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Regreso al pasado para ahuyentar este futuro.

La situación de los contendientes políticos –excepto el PSOE– lejos de clarificarse se retuerce cada día un poco más.

El Partido Popular y C’s no han conseguido los efectos deseados con su política de “fichajes” estrella.

Por más que acumulan figuras del toreo, periodistas, ex-políticos, tránsfugas y toda clase de  muñecos de feria no han conseguido la premisa básica de cualquier político que ha de presentarse a un proceso electoral; la credibilidad.

El grueso del electorado no se cree los exabruptos de Casado y recela de los constantes quiebros de Rivera.

Del inicio de la nueva reconquista de Abascal el electorado no puede menos que reírse, que digo reírse, cachondearse sería un término mucho más adecuado.

Los rifirrafes, trifulcas y purgas en el seno podemita han acabado por derrumbar un castillo de naipes del que era conocida su extrema debilidad.

Con este panorama entre los partidos de la oposición y la muy probable dispersión del voto –cada uno mantiene un mínimo numero de acólitos– se avecina una incierta legislatura para un PSOE que con toda seguridad ganará las elecciones, pero que podría ver mermado su margen de maniobra si a de enfrentarse cada día a las –seguras– maniobras obstruccionistas que indefectiblemente activarán estos aprendices de brujo.

La situación política –salvando las evidentes diferencias– puede asemejarse mucho a los principios de la década de los 80 cuando –por causas muy diferentes– el electorado hubo de depositar su confianza masivamente en el Partido Socialista de aquel entonces.

Hoy –al igual que entonces– se encuentra en evidente riesgo nuestro sistema democrático, –aunque a diferencia de aquellos– esta vez el golpe conservador sería incruento pero igualmente letal para nuestra convivencia.

Ante el evidente empuje de la extrema derecha y sus veleidades armamentísticas, anti abortivas y de su repulsiva desmemoria en cuanto a sus casos de corrupción, solamente podemos oponer una contundente mayoría socialista ganada en las urnas.

Una mayoría amplia que garantice un Gobierno homogéneo y con un margen de maniobra suficiente que permita acometer los graves problemas que acucian a nuestro sistema, necesitado de reformas urgentes y casi imposibles de realizar en un Parlamento que podría convertirse en una jaula de grillos o –en el peor de los casos– podría necesitar de una repetición de elecciones dentro de este mismo año.

Creo que ha pasado el tiempo de la utopía –entendida ésta como algo inalcanzable– y hemos de fijarnos objetivos que sitúen el foco en la consecución del bien común basado en la confianza, la cooperación, la democracia y la solidaridad.

Y a estas alturas de la partida a nadie se le escapa que solamente hay en este momento un partido y un candidato que pueden ofrecer este tipo de políticas.

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