Ley del Talión

Ojo por ojo y diente por diente, este es –básicamente– el fundamento de la ley del talión.

Este parece ser el leitmotiv del nuevo-viejo PP de Casado que una vez más basa toda su acción política en una de las mas viejas miserias de la humanidad, la venganza.

Inicia estos días el Partido Popular una recogida de firmas, y siempre que esta gente busca apoyos es contra algo.

Contra el aborto, contra el matrimonio homosexual, contra el divorcio, siempre que el PP te pide una firma es para destruir, nunca para construir.

Ahora se enfrentan –una vez más– a los esfuerzos del Gobierno de España por buscar la concordia y la superación de la situación provocada por el Proceso catalán.

La fórmula escogida para ello es la de siempre, provocar la crispación y fomentar el enfrentamiento irracional entre la ciudadanía, agitando miedos, promoviendo envidias y sobretodo alimentando ese bajo instinto que es la venganza.

Para esta gente la lucha de una parte de los catalanes por la conquista de sus ideales –por muy equivocados que estos sean– se vive como una afrenta, como un insulto al resto de españoles.

Estos fariseos de misa diaria no fueron –en sus colegios de postín– mas allá de las enseñanzas del Viejo Testamento, ese en el que la Ley del Talión campaba a sus anchas.

La superación de los problemas de este país no se consigue jaleando en la calle a la gente con soluciones sencillas para problemas complejos.

Los problemas hemos de superarlos con dialogo, entendimiento y cesiones por todas las partes en conflicto y nunca con posicionamientos enrocados y radicales que no atienden a razones.

Este PP se muestra últimamente como un partido de planteamientos muy básicos, viscerales y de consumo para sus acólitos mas extremistas.

Son maestros en el regate corto y hacen gala de una mirada miope de la situación actual y el futuro que nos espera.

Este PP es un partido triste –de otra época– aquella en la que triunfaban personajes del talante de Franco, Pinochet, Salazar, y tantos otros.

Casi prefiero a Abascal, enhiesto sobre su blanco corcel en plan justiciero cual moderno Curro Jiménez, al menos podemos reírnos un poco con la estampa.

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