La mentira como única arma electoral

Mentira

La campaña electoral que se avecina en Canarias parece que se va a caracterizar por un nerviosismo extremo en el ámbito de la derecha nacionalista –ATI-CC– y ya hace suya la misma estrategia que la derecha nacional utilizó en las pasadas Generales.

Medias verdades o directamente mentiras para atacar a sus adversarios políticos.

Podrían optar por una campaña típica en la cual defendieran su gestión, pero claro entiendo que es dificil defender lo que CC-ATI ha venido perpetrando todos estos años.

La segunda opción –presentar promesas de futuro– todavía se les hace más difícil pues no están acostumbrados a cumplirlas.

En esta legislatura su mayor logro ha sido saber mantenerse en el gobierno en minoría pero esto no redunda en ningún tipo de beneficio para la ciudadanía.

Todo lo demás ha sido un auténtico fiasco. La sanidad, el empleo, la educación, la dependencia o los servicios sociales, da igual adonde miremos, el panorama es desolador.

Listas de espera inasumibles en Sanidad y Dependencia.

La tasa de paro total se sitúa por encima del 21%, el paro juvenil en el 45%, el paro femenino casi en el 22% y el porcentaje de hogares con todos sus miembros en paro es del 12% todos los indicadores muy por encima de la media nacional.

Y para colmo el abandono escolar temprano vuelve a crecer en la Comunidad Canaria apuntalando el ya de por si triste indice del 35% de fracaso escolar.

¿Es realmente esto lo que queremos para nuestra Comunidad?

¿Acaso no acertamos a vislumbrar el pozo en que nos han metido estos políticos irresponsables?

El nacionalismo es la mayor amenaza para la humanidad.

Los extremismos no sólo atacan a los gobiernos desde fuera, si no que están intentando acceder a ellos.

Si votamos al odio para que ocupe los mas altos cargos no creo que sobrevivamos a ello.

Alexis de Tocqueville llamó a la democracia americana “el gran experimento”.

Cada generación puede elegir si este experimento continúa o no.

Eso significa no ceder ante las debilidades que nos hacen frágiles como personas y como nación.

Ignorar a los que nos dicen que debemos culpar a los demás cuando nos sentimos “excluidos”, ese puede ser un mensaje tentador especialmente cuando estás débil, pero es falso, siniestro.

Lo único que puedo decir es que sea como sea que sirvamos al país nunca debemos dejar de luchar para salvar ese “Gran experimento”.

Nosotros –el pueblo–, depende de nosotros.

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