Ha pasado una semana

Ha pasado una semana

Ha pasado una semana desde que nos citamos para una eleciones cruciales y parece que ha pasado todo un año.

Los acontecimientos y las declaraciones de los distintos lideres políticos se suceden –incluso se apelotonan– con el ánimo, unos de convencer –los menos– y otros de engañar.

El engaño y la mentira se están asentado con una inusitada desfachatez en el discurso de la extrema derecha, y permítanme que denomine extrema derecha a AP-PP, C’s y VOX pues a día de hoy y basándome en sus diatribas diarias no consigo ya diferenciar a unos de otros.

No esperen uds. encontrar ninguna declaración de María Emilia (Casado), María Laura (Rivera) o María Eugenia (Abascal) en la cual propongan un mínimo proyecto de país o soluciones a los diversos problemas que acucian a la sociedad española.

Por contra, sí encontrarán exabruptos varios, mentiras por doquier e insultos variopintos –dicho de otra forma– sólo encontrarán las típicas reacciones de alguien que no tiene argumentos que defiendan sus posiciones pues en lo más intimo de su ser son conscientes de lo equivocado y rancio de sus planteamientos.

Se preguntarán entonces porqué defiende el AP-PP una involución tan drástica que retrotraería –por ejemplo– la legislación del aborto a los tiempos de Alianza Popular.

Control y sometimiento, ese es el objetivo y para eso necesitan doblegar las voluntades, someternos al imperio de leyes trasnochadas y sobretodo convencer a la clase media de que vive por encima de sus posibilidades.

Quieren convencernos de que la dicotomía ricos y pobres es insalvable y de que el poder les pertenece por derecho, de ahí el adjetivo que le dedican a Pedro Sanchez una y otra vez “usurpador“.

La derecha en este país siempre ha utilizado la razón de la fuerza y nunca la fuerza de la razón.

Cualquier avance social, cualquier derecho conseguido siempre ha venido de la mano de los gobiernos de izquierdas encabezados por el PSOE y han de ser defendidos con uñas y dientes de la ola involucionista que pretende asolar el país.

El adormecimiento y la autocomplacencia por lo conseguido por la clase trabajadora desembocará irremediablemente –si gobierna la extrema derecha– no solo, como hasta ahora en recortes primordialmente económicos sino en una ola de reacción ideológica que puede sumir al país en un caos social, organizativo y económico.

Se han de recuperar –y en ese camino estamos– los ejes izquierda-derecha que nunca debieron abandonarse.

Los aprendices de brujo –podemitas– que dieron un toque de atención en un cierto momento se han revelado fatuos en los momentos decisivos y por eso se impone la recuperación del electorado de izquierdas bajo un proyecto ilusionante, pero realista, atrevido pero viable y sobretodo Socialista.


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