El año del caballo

El año del caballo

Los nativos del signo del caballo en el horóscopo chino suelen ser frívolos, excéntricos y les gusta la buena vida aunque no son especialmente exquisitos en sus gustos.
Son inteligentes, de mente rápida, de labia envolvente y saben ganarse a la gente.

Son muy seductores, aún sin ser especialmente atractivos.
Saben venderse bien ante sus objetivos de seducción.

En el horóscopo chino no hay signo más egocéntrico que el del caballo.

2014 fue el año del caballo, también 2014 fue el año del nacimiento de Podemos.

Un conglomerado imbuido de un adanismo irritante que ha desembocado en una amalgama de intereses dirigida desde el providencialismo, el cesarismo y el resplandor mesiánico de un “rey desnudo”.

Con su labia envolvente quisieron vendernos una entelequia de amor pero predicando odio y así de esta manera consiguieron seducir a mas de cinco millones de votantes.

El meollo de su discurso se basaba en el enfrentamiento “per se” –y sin solución de futuro– de los de arriba contra los de abajo, los que tienen mas contra los que tienen menos.

Pero aún siendo del signo del caballo cada año de vida del tinglado podemita a valido por siete como si el signo del perro se hubiese cruzado en algún momento en su meteórica ascensión provocando un prematuro envejecimiento.

Como es bien sabido cada año de un perro se cuenta como siete en relación a los humanos.

En este momento una vez fracasada la reedición de sus pactos en Galicia, Andalucía, el alejamiento de las confluencias, el portazo de Compromis y el más reciente de IU, el proyecto está tan desdibujado que aunque ya pronostiqué en su día que se convertirían en una nueva versión de la antigua Izquierda Unida –con alrededor del 15% del voto– ha dia de hoy hasta estos números están en peligro.

La compra de un chalet de 600.000 euros supuso un antes y un después, sobretodo por el intento de derivar la responsabilidad de un acto totalmente privado hacia la esfera de lo público sometiéndolo –impúdicamente– al arbitrio de sus afiliados, condenando a estos a sobrevellar una hipoteca moral que no les corresponde y perdiendo por el camino ese halo de ejemplaridad que intentaban vendernos.

Al menos podrían declararlo “el chalet del pueblo” y celebrar algún día de puertas abiertas para ver en qué se invierte nuestro dinero.

El regreso del Rey desnudo de un falaz permiso de paternidad –en el congreso no existen estos permisos– ha venido aparejado de un enésimo intento de vendernos el manido discurso del odio.

Odio a los poderosos, al Ibex, a la banca –la misma que le ha prestado 600.000€–, a los medios de comunicación culpándoles de sus paupérrimas encuestas cuál plañidera en su propio entierro político.

Todavía recordamos frases curiosas para un pretendido político:

“Si el Gobierno depende de ti, tú tienes que exigir un mínimo de horas [de televisión]”

“Eso vale más, con todos los respetos, que la consejería de Turismo, para ti la consejería de Turismo. A mi dame los telediarios”

¿Es así cómo se cambia la vida de los más desfavorecidos? ¿Predicando desde un telediario?

Podemos, C’s, Vox, hijos de la confusión, de la política que entiende al otro, no como adversario con el cual acordar, sino como enemigo al que hay que destruir.

Este planteamiento no es digno de políticos decentes.

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