A estribor y babor, la bruma se disipa

A estribor y babor, la bruma se disipa.

El inexorable paso del tiempo nos sitúa ya en la antesala de las próximas elecciones.

Y a medida que se acerca el momento y los nervios afloran, se van despejando las múltiples incógnitas acumuladas en los últimos años.

A estribor las opciones son claras, PP, C’s y Vox.

En las actuales circunstancias parece que es el Partido Popular de Aznar –en manos de Casado, el encargado– el que afronta unos comicios sumamente arriesgados para su futuro mas inmediato.

Puede que –por eso mismo– en su reciente convención hayamos asistido a una involución en toda regla y a un llamamiento impúdico a la extrema derecha a unirse a sus filas, mostrándose abiertamente dispuestos a defender prácticamente los programas de máximos que defiende el mismísimo Vox.

Hace seis meses, un año, la idea más arraigada era que el PP –ese presunto partido de centro– podía acabar reducido a un grupo de políticos irrelevantes a manos de C’s pero no fue así.

Y no sucedió porque el trasvase de votos desde el PP a C’s se vio reducido a una muy limitada bolsa de votos de centro que atesoraban los populares.

La irrupción de Vox en el tablero político ha dejado visible el inmenso flanco ultra que se agazapaba dentro de las filas populares y que pueden seguir la huida en las próximas consultas electorales condenando al –otrora poderoso PP– a la irrelevancia a la que no consiguió reducirlo C’s.

Pero –aunque divididos en la contienda– estos grupos son plenamente conscientes de que dadas las mínimas divergencias ideológicas que les separan la componenda postelectoral está asegurada.

Ha quedado demostrado en estos últimos meses que –lo que todos intuíamos– era verdad, que el PP era, es y será? siempre un partido ubicado entre lo más rancio de la derecha Europea.

A babor el proceso de disgregación parece que toca fondo aunque –de momento– la bruma esconde ciertos movimientos destinados a clarificar el panorama.

A grosso modo nos encontramos al Partido Socialista y a Izquierda Unida (resucitada).

Y entre ambas formaciones o mas allá están en marea, en común podemos, podemos, adelante Andalucía, mas Madrid, votemos, marea atlántica, equo, clias y por abreviar ponemos Ahora y cualquier palabra detrás y ya tienes un grupito de amigos que se creen políticos.

Mayo puede ser un buen momento para que todos estos grupúsculos –claramente ineficaces políticamente– vuelvan a integrarse en sus formaciones de origen –PSOE e IU– y contribuyan realmente a definir el futuro de este país.

En este proceso de regreso sería interesante prescindir de los que comenzaron en el barrio y en apenas 4 años han accedido a “las casitas del barrio alto” (Victor Jara).

Puede que la ambición particular y el interés pecuniario de estos nuevos ricos no permitan el reforzamiento de los partidos tradicionales, partidos que han traído –con sus luces y sombras– el progreso y la modernidad a una sociedad española atrasada y con evidentes ansias de superar el pasado más cercano.

De todo el panorama que conforma la política española solamente el Partido Socialista se encuentra en disposición de liderar a este País ante los retos de futuro que se avecinan y para esta tarea nadie sobra.

2019 se presenta –cada vez más– como un año crucial para el futuro de España y nuestro futuro no puede ser determinado por una derecha rendida a los pies de José María Aznar.

 

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