Cobardes, creyentes y los que tienen miedo

Cobardes, creyentes y los que tienen miedo.

Estas podrían ser categorías que agrupasen a los catalanes en estos momentos.

En el primer grupo –el de los cobardes– hemos de situar a los políticos de ambos bandos, unos por rendirse a los postulados kafkianos de la CUP para tapar sus corruptas vergüenzas y los otros por empecinarse en el mantenimiento de un statu quo a todas luces moribundo; la reforma constitucional no admite mucha mas demora y como todos los problemas que se abordan en situaciones de acoso, va a parecer mas una imposición de unos pocos, que el lógico avance que se propone una sociedad madura que sabe lo que quiere.

Los cobardes de Madrid también son pusilánimes, temerosos, dubitativos y faltos de coraje para defender sus ideas o enfrentar grandes desafíos.

De que otra manera si no, puede entenderse el hecho de que se haya descargado toda la responsabilidad de la solución al conflicto en la judicatura, la fiscalía o los cuerpos de seguridad del estado.

Los cobardes de Barcelona han activado todos los resortes emocionales posibles para provocar el enfrentamiento –primero de Cataluña contra el resto de España y en un segundo momento de Cataluña contra Cataluña – en un proceso auto destructivo que no tiene otro fin que instaurar el pensamiento único en su comunidad.

Lo acaecido en el Parlamento catalán hace unos dias ha sido vergonzante y nos ha retrotraído a los peores tiempos de nuestra historia.

El segundo grupo lo conformarían los creyentes, esos que –instrumentalizados por los cobardes y adoctrinados por ellos– se han creído a pies juntillas el discurso de la “Arcadia feliz”, ese lugar en donde no hay paro, sobra dinero para los pensionistas, las empresas no dan abasto para producir todo lo que los paises del entorno quieren comprarles, donde se acogerá a todo aquel que llame a sus puertas y seguiría sobrando dinero porque no habría corrupción.

Estos últimos dias hemos podido comprobar como las hordas de creyentes lanzadas a la calle resolvían sus diferencias de criterio con sus convecinos a golpe de insultos, amenazas y una creciente apelación a una supuesta supremacía sobre el resto de españoles.

Se han apoderado de las calles y se encuentran muy cerca de rebasar ese punto de no retorno que tiene todo proceso ilegitimo que no acata ninguna ley y desembocará previsiblemente en un caos de incalculables consecuencias.

Los cobardes –los políticos– han subvertido el orden constitucional y deslegitimado incluso sus propias instituciones por lo cual veremos como pronto se encontrarán –también ellos– incapaces de manejar al monstruo que han creado.

Los últimos acontecimiento de hoy mismo, amenazando a periodistas como Ferreras de La Sexta o acorralando a simples trabajadores –pues los policías no son mas que eso– y coaccionando a empresas hoteleras con el cierre para que sean expulsados han traspasados todas las líneas rojas que pueda trazar una mente inteligente.

Los creyentes han accedido al siguiente nivel y comienzan a ser considerados imbuidos de un sectarismo peligroso.

El sectarismo es la intolerancia, la discriminación y el odio que surgen cuando se busca exacerbar la importancia de las diferencias entre diversos grupos sociales y sobre estos cimientos –intolerancia, discriminacion y odio– pretenden los cobardes políticos levantar su nueva Arcadia republicana.

Nos falta un tercer grupo, los que tienen miedo –los más inteligentes– esos que se dan cuenta de los errores que se están cometiendo pero que confían –o confiaban hasta hoy– en que el Estado estaba ahi y no dejaría que las veleidades absolutistas de la Generalitat llegasen a poner en riesgo sus vidas y su futuro.

No se manejan muy bien en el fango de la amenaza, y por eso no pueden competir de tu a tu en las manifestaciones –agitprop– organizadas y dirigidas por la CUP.

Ya comienzan a recibirse en otras comunidades las consultas de parte de este grupo que se apresta a abandonar la que fue su casa –como ya han hecho muchas empresas catalanas con CaixaBank a la cabeza–.

Conozco todas las comunidades españolas, he visitado en innumerables ocasiones concretamente Cataluña y no he encontrado entre el pueblo llano de ninguna, las irreconciliables diferencias que se argumentan para alimentar estas trasnochadas políticas nacionalistas.

La solución no es fácil, los politicos –los cobardes de esta historia– se han enrocado en sus estupidos castillos de intereses y no van –al menos los actuales– a ser parte de la necesaria negociación de nos permita seguir adelante unidos.

Llegado hasta este punto no se me ocurre ningun final feliz al estilo Hollywood, tampoco vislumbro interés de Rajoy, Puigdemont o Junqueras de llegar a un mínimo acuerdo que permita desbloquear la situación.

El futuro no está escrito pero si me permiten augurar lo que puede ocurrir, creo que a estas alturas ya se ha decidido  en Moncloa la suspension de la autonomía catalana –el mensaje del rey es bastante esclarecedor– y hemos de prepararnos para vivir dias de zozobra, detenciones y disturbios ya fuera del control del gobierno catalán.

Muy triste pero contra la idiotez de ambos bandos es difícil la lucha.

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