Locomotora sin vagones

Locomotora sin vagones.

Las estaciones son lugares que recordamos en la lejanía de nuestra niñez como algo casi mágico.

La estación del pueblo –el que la tenía– era ese lugar en el que disfrutar con la contemplación de grandes máquinas –en un tiempo humeantes– y siempre que nos acercábamos a despedir a algún familiar o amigo que nos dejaba nos quedábamos –tristes por su partida– pero también tristes porque no éramos nosotros los que se subían a aquella formidable máquina que era sinónimo de aventuras y oportunidades.

En nuestra estación supimos de la importancia que la locomotora tenía en el conjunto del convoy pero –una vez pasada la primera impresión– nuestros padres nos explicaban que la función de aquel artilugio no era otra que la de arrastrar a una inmensa cantidad de vagones que una vez podían transportarnos a nosotros, otras veces mercancías e incluso a otras máquinas más pequeñas –los coches–.

Comprendimos que lo mas importante de todo aquello no eran ni la locomotora, ni los vagones en si mismo sino el conjunto de todos ellos y la función que podían cumplir funcionando en armonía.

Una vez que comprendíamos los fundamentos del transporte ferroviario –una locomotora que arrastra decenas de vagones– se nos hacía raro ver uno de estos artilugios vagando solo por las vías de servicio y enseguida intuíamos que o estaba fuera de servicio o necesitaba una reparación, pero estaba muy claro que una locomotora aislada no tenía razón de ser en un mundo tan interrelacionado.

Nuestro pais no es mas que un gran convoy, una gran amalgama de interrelaciones, intereses, necesidades, aventuras y oportunidades.

Y como cualquier convoy se compone de locomotoras y vagones –unas no pueden vivir sin las otras–. Tradicionalmente la Autonomía Catalana se adjudicaba el papel de locomotora y el resto de Comunidades cumplían el cometido de vagones, desarrollando sus capacidades al unísono y colaborando entre todos ellos, pues de nada sirve una locomotora hiper rápida si ciertos vagones no pueden seguir el ritmo.

Los desajustes de un convoy provocan irremediablemente su descarrilamiento y siempre que sea posible ha de ser evitado por todos los funcionarios, supervisores, jefes de vía y de estación.

En ese punto estamos viviendo ahora mismo en este país y la responsabilidad es compartida por todos y hemos de tener claro que vagones y locomotora se necesitan mas allá de cualquier consideración.

 

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