Frivolidad

Frivolidad es la palabra clave del momento político que estamos disfrutando.

Curiosamente en uno de los momentos más difíciles para nuestro país de los últimos cuarenta años nuestros políticos parecen haber sido atrapados por la banalidad de los medios de comunicación.

Desde siempre nuestra democracia ha sido deficitaria en la realización de debates electorales y ningún partido ha conseguido mantener una política de comunicación mínimamente honesta.

En estos últimos años debido a la irrupción de las “nuevas” fuerzas políticas hemos vivido un aparente cambio de las políticas de información.

Pero sólo ha sido apariencia, en realidad tanto unos como otros responden al mismo perfil a la hora de comunicar, no se busca “informar” a la población de las políticas que se van a realizar para solucionar tal o cual problema sino más bien se busca la manera de “agradar” al electorado con bonitas palabras o mensajes utópicos y vacíos de contenido.

Cuando se rasca la superficie del discurso político no encontramos un argumento consistente que consiga sustentarlo.

Las frases grandilocuentes y efectistas son la marca de fábrica de Podemos y Ciudadanos, haciendo creer a sus votantes que su discurso de la Arcadia feliz es algo “realmente” posible.

En un momento de crisis tan brutal como el que vivimos tenemos una tendencia natural a buscar soluciones milagrosas o a abrazar a cualquier charlatán que nos prometa un ungüento o remedio inverosímil a nuestras cuitas.

Ante tanta solución simplista y tanta receta infalible comienza a elevarse un cierto tufillo a mentira, a embaucadores y engañabobos.

Los problemas de un país tan complejo como el nuestro no tendrán solución basando nuestras políticas en el enfrentamiento civil y fomentando la división del pueblo entre ricos y pobres o “criminalizando” a un sector concreto como los políticos de nuevo cuño pretenden.

A la charlatanería y la demagogia solamente se le puede oponer la más estricta información de la situación real del país y, apartando ensoñaciones fatuas, proponer soluciones realistas y alcanzables pues cualquier otra cosa no provocará más que una inmensa frustración pasado el primer momento de euforia.

Para muestra ahí tenemos a nuestro amigos griegos despertando a la realidad a golpe de recortes y desempleo.

Tenemos la oportunidad de elegir y además contamos con la ventaja de ver lo que ha ocurrido en otros países que se dejaron engañar por los cantos de sirena de una pseudoizquierda sin principios.

En nuestra mano está colocar al frente de este desaguisado provocado por el PP a un partido responsable y con experiencia de gobierno y si no lo hacemos así seguro que lo lamentaremos durante bastantes años.

 

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