El último bastión

Hoy, 22-M, en las calles de toda España, la ciudadanía ha levantado la que yo creo que es la última barricada que nos queda en este país, la de la dignidad.

Esa “dignidad ciudadana” que  recuperamos allá por los años 70, después de grandes sacrificios.

Si comparamos las dos épocas, aquella de la “transición” y esta de la democracia “asentada” resulta curioso comprobar como la derecha de entonces, descendiente directa del franquismo, era mucho más dialogante más democrática, si cabe, que los dirigentes de la derecha actual.

El Partido Popular, envalentonado por haber conseguido 10 millones de cómplices y utilizando la coartada de la crisis económica ha laminado prácticamente “todos” los avances sociales conseguidos en estos 40 años.

Con los recortes, la práctica eliminación de la ayuda a dependientes, el cambio de las leyes para restringir los derechos ciudadanos, los cambios en el sistema educativo, el ataque despiadado al sistema sanitario, la derecha intenta doblegar la voluntad y la dignidad de todo un pueblo.

Ahora se preparan para dar la puntilla al proceso, primero han recurrido al “truco del almendruco” y nos han anunciado una rebaja de impuestos.

Una nueva mentira repetida hasta la saciedad en toda la prensa afín a este “gobierno indigno”.

¿Y porqué mentir tan descaradamente? Porque detrás de todo esto vendrá lo verdaderamente importante, una segunda “devaluación” del país, que esta vez supondrá la práctica desaparición de la clase media española.

Se prepara, si no lo paramos, una nueva bajada de sueldos en toda España con la disculpa de que hay que “ser competitivos” y veremos como la brecha que separa a ricos y pobres se amplía aún más.

Nos encaminamos hacia una economía “tercermundista”, acosada por la presión fiscal sobre los asalariados y autónomos y libre de cualquier traba para las grandes fortunas.

La “economía sumergida” crece desbocada y la derecha no pone coto al desmán porque es en esos ambientes en los que se mueve como pez en el agua.

En esos ambientes en los que los ciudadanos pierden esta condición y pasan a tener que “suplicar” un mínimo empleo para sobrevivir o “emigrar” a países en los que no rigen gobiernos tan reaccionarios e indignos como el nuestro.

El horizonte no es halagüeño si seguimos bajo la batuta de este gobierno.

Esta barricada, este último bastión, no puede caer y se ha de defender hasta el último aliento.

 

Un hombre tiene que tener siempre el nivel de la dignidad por encima del nivel del miedo.

Eduardo Chillida

 

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