Cásate y se sumiso

Tres eran tres las hijas de Elena. Tres eran tres y ninguna era buena.
Tres eran tres las hijas de Elena. Tres eran tres y ninguna era buena.

 

Acabamos de cruzar el ecuador de la legislatura y nos acercamos irremediablemente a ese momento en el cual los novios se ponen nerviosos.
Ese momento, siempre difícil, en el que la foto resulta incómoda, pero necesaria.
Y en estos casos, siempre hay uno más perjudicado, más pardillo, que el otro.
En la política, tal y como se concibe en estos momentos en nuestro país, este tipo de noviazgos solamente le sientan bien a los novios propiamente dichos y a algunos de sus invitados.
Cuando la cuestión se trata en términos de reparto de poder siempre pierden los mismos, los ciudadanos, el pueblo.
En nuestra comunidad la pareja gobernante se percibe claramente descompensada y cada vez se aprecia más la subordinación del novio a los caprichos y desmanes de la novia.
El novio en cuestión ha de renegar de sus creencias y convicciones en aras de mantener el buen humor de su amada.
La novia, ha dado un giro déspota y despiadado y deja en evidencia constantemente a su pareja, abusando de su actitud servil y sumisa sin precedentes.
Esta actitud nos traerá más de un disgusto.
Por mucho que veamos al suegro como nuestro enemigo natural, no podemos dejar de pensar que la novia no se merece nuestro sacrificio.
Hay un cierto revuelo en la península por un libro rarillo que se ha presentado hace poco, “Cásate y se sumisa”.
Aquí hemos publicado nuestra propia versión, “Cásate y se sumiso”.
De esta manera no vamos a ninguna parte.

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1 comentario en “Cásate y se sumiso

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